General

De mi taller a la alta cocina: mi colaboración con el restaurante Mugaritz

En enero de 2022, como si de un regalo de Reyes se tratase, recibí un correo que todavía recuerdo con una sonrisa.
Era un mensaje del equipo de Mugaritz, uno de los restaurantes más reconocidos del mundo, interesados en encontrar un ceramista local con quien colaborar. Buscaban a alguien que pudiera crear piezas a medida, con una mirada artesanal y una sensibilidad que encajara con la filosofía del restaurante. 

Habían contado antes con ceramistas incluso fuera de España, pero querían establecer una relación más cercana, poder venir al taller, tocar el barro, ver cómo nacen las piezas. Y ahí comenzó esta historia. 


El comienzo de una colaboración especial 

Concertamos una reunión en la que me contaron su idea: necesitaban un juego de café completo (tazas pequeñas, tazas de café con leche, jarras, azucareros, tazas especiales para aromas, incluso pequeñas jarras para salsas).
Querían que cada pieza tuviera alma, pero también coherencia entre sí, como si formaran parte de un mismo universo. 

Empezamos haciendo pruebas: variaciones de forma, tamaño, esmaltes… hasta que dimos con la versión final. Fue un proceso largo, de diálogo constante y aprendizaje mutuo. Cada pieza debía cumplir una función muy concreta dentro de la experiencia gastronómica del restaurante, y eso me llevó a observar mi trabajo desde un punto de vista diferente: el de la alta cocina.

Juego de café completo para Mugaritz

 


Barro, fuego y precisión 

El reto no era solo estético, sino también técnico. Las piezas debían resistir un uso intensivo, lavavajillas industriales, cambios de temperatura… y al mismo tiempo mantener ese toque artesanal, ese gesto imperfecto que hace que cada una sea distinta. 

El barro, el fuego y el tiempo fueron los verdaderos protagonistas de este proceso.
Y detrás de cada decisión (de cada esmalte, cada borde, cada curva) había un diálogo entre el mundo de la cerámica y el de la gastronomía. 

   


Más allá de las piezas 

Con el tiempo, la colaboración fue creciendo. Además del juego de café, he creado otras piezas para el restaurante: portatoallitas, portacucharillas, pequeñas cajas, vasitos, portacubiertos… y otras que van apareciendo con cada nueva temporada. 

También ha nacido una relación preciosa con la persona que me contactó la primera vez. A lo largo de estos años incluso he impartido talleres de cerámica al equipo de Mugaritz, compartiendo con ellos la magia del torno y del barro. 

          


Un viaje que continúa 

No sé cuánto tiempo más durará esta colaboración, pero sí sé que está siendo un viaje muy bonito.
Trabajar con Mugaritz me ha permitido descubrir nuevas formas de mirar mi propio oficio, de entender el valor de lo hecho despacio y con intención. 

Cada vez que veo una de mis piezas sobre una mesa de Mugaritz, siento que ese pequeño trozo de barro también cuenta mi historia.
Una historia de raíces, de paciencia, de fuego… y de la belleza que nace cuando dos mundos, la cerámica y la cocina, se encuentran.